Las sociedades SIN (y 2)

Esta es la segunda parte del artículo «Las sociedades SIN (1)», publicado por Pablo Herreros la semana pasada en este mismo blog.

Lo más preocupante del «radar de carencias» es que no se restringe a los contextos académicos. Este patrón de observación, que se centra en lo negativo o en aquello que lo que carecemos, se ha difundido hasta alcanzar entornos que afectan el día a día de las personas, como por ejemplo, el sistema escolar. Siempre recuerdo con pesar que los exámenes que realizábamos en la escuela o en la universidad se puntuaban según este criterio. ¡Qué gran favor nos hubieran hecho al dar feedback sobre lo que estaba bien, para poder así repetirlo más veces!

Tendemos demasiado a guiarnos por nuestra faceta negativa, cuando valorar lo positivo es algo crucial para avanzar en esta vida (imagen: Grupo Punset Producciones).

Más adelante en la vida, en el trabajo, la dinámica es idéntica. Nos suelen llamar la atención cada vez que metemos la pata, pero rara vez se recompensa el trabajo bien realizado excepto si conlleva beneficios económicos directos. Además, cuando esto ocurre, se dedica muy poco tiempo a su análisis o a recordar a sus protagonistas. Simplemente se da por hecho que así debía ser. De la misma manera, sucede con muchos ámbitos más como la psicoterapia, las visitas al médico o los procesos de coaching. Estas sesiones se basan mayoritariamente en recordar lo que funciona mal y es «patológico». Solo en contados casos, los profesionales se dedican a potenciar aquello que funciona bien y que es útil para el individuo, como por ejemplo hábitos beneficiosos o fortalezas.

Si en vez de señalar con el dedo o diagnosticar con los manuales de enfermedades físicas y mentales, reforzáramos las estrategias personales eficaces para afrontar dificultades, con las que todo ser humano cuenta, nos sería más sencillo sentir que podemos controlar el problema. De esta manera, aumentaría la responsabilidad de las personas, tanto en procesos de curación como de cambio. Por otra parte, partir desde la postura en la que nos subrayan nuestras carencias, ni es un buen comienzo ni estimula al cambio. Uno se siente destinado a sufrir o aceptar que es una víctima de un mal superior. Es por esta razón, que en muchas ocasiones, al intentar solucionar un problema, los profesionales generamos más inconvenientes. La razón es que el paradigma del déficit ha colonizado nuestras vidas.

Estoy seguro de que estamos ante un modelo mental que fue muy útil en el pasado, cuando los peligros eran abundantes y el más mínimo fallo podía acabar con tu vida, pero probablemente no lo es tanto en la actualidad. Lo cierto es que a un grupo de privilegiados de este mundo nos ha tocado vivir en un entorno de tal seguridad que es más efectivo abordar los cambios con esquemas positivos que rastreen las capacidades del individuo, grupo, familia, etc. Cuando a una persona le recuerdas aquello que hace bien y dotas de sentido y significado adaptativo sus acciones, su autoestima crece porque se siente alguien inteligente y no un tonto que no sabe lo que hace. Aprobar o legitimar a los que nos rodean es fundamental en los procesos de desarrollo personal.

Otra buena técnica coherente con esta manera de ver el mundo es fijar la atención en aquello de lo que deseamos más en nuestras vidas y no maltratarnos recordando una y otra vez lo que no tenemos o no sabemos hacer. Por eso os animo a validar a los demás y a uno mismo para no cometer el mismo error que muchos científicos. Aprender a indagar de qué somos capaces y no centrarse en lo que supuestamente somos es una buena estrategia para no sentirse atrapado y destinado al sufrimiento, como si de una fórmula matemática se tratara. Si continuamos rastreando las capacidades y los recursos de las personas, podremos pasar de las sociedades SIN, a las sociedades y personas CON. Porque los seres humanos y otros animales no somos cúmulos de problemas a resolver, sino más bien todo lo contrario: somos maravillosos ejemplos de éxito y soluciones.

Cortometraje «Validation», de Kurt Kuenne.

12 pensamientos en “Las sociedades SIN (y 2)

  1. Pingback: Somos Primates » Las sociedades SIN (1)

  2. CADA DÍA LA VIDA ME SORPRENDE MÁS Y MÁS.
    Y LA VERDAD QUE VI EN ESTE VIDEO COSAS QUE CREÍ NO NECESARIAS,PERO LA VERDAD ME HAN DADO UNA LECCIÓN.
    “HAY QUE SONREÍR”……

  3. Maravilloso
    Es la palabra que se me ocurre!
    Soy una persona que siempre,o casi siempre, va por la vida con una sonrisa!
    Creo, que, mas que cualquier otra cosa, es la mejor tarjeta de visita!
    Apesar de los sinsabores de la vida, la sonrisa por delante, nos mejora el dia, y, con ello, lo hacemos extensivo a los demàs!
    A partir de la visualizacion de este video… No solo sonreire, casi siempre! Intentare, que ningun motivo, por triste que sea, me impida sonrreir… siempre!!!
    Gracias! 🙂

  4. Llevó más de 50 años de pasajero en ésta tierra y aún no me acomodo a la tripulación… Hoy necesitaba un estímulo como éste, antes de salir a la calle… Gracias, lo interpretaré cómo un signo positivo de mis desafíos de hoy…

  5. Sr. Pablo Herreros, he visto algunas de sus investigaciones y me parecen extraordinarias. Su manera de compartirlo también me parece llena de sencillez, gracias.

    Si me permite y de manera muy respetuosa quisiera corregirle sobre su percepción sobre el “Coaching” y sus enfoques cuando dice lo siguiente: “…se dedica muy poco tiempo a su análisis o a recordar a sus protagonistas. Simplemente se da por hecho que así debía ser. …, sucede con muchos ámbitos más como la psicoterapia, las visitas al médico o los procesos de coaching”

    Le comento que en procesos como el Coaching Ontológico, la atención y cuidado de las narrativas de cada persona son el eje sobre el cual cuidadosamente se centra el escuchar, además de que el propósito del Coaching se centra en que la persona reconozca sus fortalezas para poder entender, resignificar y actuar frente a las oportunidades de su vida.

    Respeto mucho su trabajo y de verdad espero haber podido sumar a su percepción del Coaching en general.
    Gracias!!
    Atentamente. Victor Gutiérrez

  6. Hola PABLO!!
    Fantástico vídeo me a gustado mucho me a echo llorar y todo ,es muy emotivo.
    A mi me pasa lo mismo que al protagonista del cortometraje que cuando me hacen una foto de carnet me riñen porque siempre salgo sonriendo y en la foto de carnet dicen que no se puede pero siempre salgo igual riendo.
    Tienes razón que casi siempre te recuerdan lo que haces mal,pero casi nunca te valorizan o te recompensan si es al revés, como dices tu dan por hecho que a si debe de ser.
    Yo a mi nieto siempre que hace algo mal le riño pero,también cuando hace algo que veo que esta bien,le premio o le digo “Muy bien” eso es muy bueno para la autoestima ,y siempre se debería de hacer.Como hemos visto en el vídeo que a un que seamos mayores nos gusta que nos valoricen y nos hagan ver que somos importantes,y no simples objetos.
    Un saludo Pablo

  7. Hola PABLO!!
    Fantástico vídeo me a gustado mucho me a echo llorar y todo ,es muy emotivo.
    A mi me pasa lo mismo que al protagonista del cortometraje que cuando me hacen una foto de carnet me riñen porque siempre salgo sonriendo y en la foto de carnet dicen que no se puede pero siempre salgo igual riendo.
    Tienes razón que casi siempre te recuerdan lo que haces mal,pero casi nunca te valorizan o te recompensan si es al revés, como dices tu dan por hecho que a si debe de ser.
    Yo a mi nieto siempre que hace algo mal le riño pero,también cuando hace algo que veo que esta bien,le premio o le digo “Muy bien” eso es muy bueno para la autoestima ,y siempre se debería de hacer.Como hemos visto en el vídeo que a un que seamos mayores nos gusta que nos valoricen y nos hagan ver que somos importantes,y no simples objetos.
    Un saludo Pablo.

  8. Es muy común que en nuestra sociedad nos preocupemos de muchos temas, pero nos ocupemos de pocos.

    Responsabilidad, compromiso y asumir/aprender de los errores son la clave del crecimiento personal.

    Deja de preocuparte y ocúpate!
    R

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