La mirada de la primera dama alfa en “Yo, mono” elmundo.es

 

El duelo por Nelson Mandela no fue lo único que estaba en juego el día que se celebró su funeral. La complicidad del presidente norteamericanoBarack Obama con la presidenta danesa Helle Thorning-Schmidt hizo saltar los celos de la primera dama alfa Michelle, quien llegó a sentarse entre ambos para cortar por lo sano tanta intimidad. Entre algunas especies de primates, es frecuente que algunos individuos se interpongan físicamente entre un macho y una hembra entro los que aparentemente hay “química”al igual que hizo Michelle. El descaro de los chimpancés puede ser tal que son capaces de parar en seco a parejas copulando.

Los celos son definidos como las reacciones de miedo e ira desarrollados por algunas especies de animales como la nuestra para proteger, mantener y prolongar las asociaciones de amor íntimo. La mayoría de nosotros siente celos cuando percibimos que una relación importante es amenazada por un o una rival.

Por tanto, los celos de Michelle no deben sorprendernos, ya que los humanos vivimos en sistemas de emparejamiento, es decir, nos asociamos por parejas. No lo confundamos con la fidelidad, ya que aunque hombres y mujeres mantengan aventuras con terceras personas, la mayor parte del tiempo y energía la concentran en una sola.

Pero y los primates no humanos ¿sienten celos ellos también? Cada especie tiene sus peculiaridades. Por un lado tenemos a los chimpancés, en que las hembras se aparean con varios machos cuando están receptivas sexualmente. Debido a esta promiscuidad los machos no saben quiénes son sus hijos. Por eso la existencia de celos no está muy desarrollada en los chimpancés.

Pero en las especies con tendencia a la monogamia como la nuestra los celos son habituales. Para comprobar los celos en otras especies monógamas como los titis, se registró su reacción cuando observaban a sus parejas junto a miembros del sexo contrario a diferentes distancia. Seria como analizar qué hacen Bill y Hilary Clinton cuando ven a su cónyuge con potenciales rivales alrededor en tres posiciones distintas. En la investigación, los machos reaccionaron con más agresividad y mayor atracción hacia sus parejas cuando estaban cerca. Muy similar a como respondemos los humanos: la clásica mirada agresiva al entrometido y besar a la hembra para dejar claro de quién es la “propiedad”. Pero en ellas ocurrió al revés porque la atracción por sus parejas era mayor cuando los “titis gigolos” estaban lejos.

Negar la existencia de los celos es absurdo. Las filosofías o tendencias culturales que creen que los celos son exclusivamente un asunto cultural cometen un error. En el movimiento hippie, por ejemplo, mucha gente se vio forzada a una represión de estos sentimientos que a la larga provocaron daños psicológicos a muchas personas. Los celos forman parte de nuestro repertorio de reacciones cuya función es vincularnos y mantener las relaciones que consideramos valiosas. Lo problemático no es sentirlos, sino qué hacemos con ellos cuando no sabemos gestionarlos bien. Nos gusten o no, los celos son una reacción muy característica del mono que todos llevamos dentro.

 

 

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