Funerales en la selva para elmundo.es

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Una de las realidades más tristes de nuestra existencia como seres vivos es que algún día desaparecemos para siempre. Esto no sólo implica que moriremos, sino también que veremos a otros marchar. Ante la muerte de personas queridas, como ha sido el caso del fallecimiento de Adolfo Suarez esta semana, los seres humanos solemos pasar un proceso de duelo que los psicólogos describen mediante la sucesión de varias fases que de manera simple podemos resumir en: negación, enfado, desesperación y aceptación.

¿Y los animales? ¿Lamentan la muerte de sus seres queridos también? El psiquiatra Sigmund Freud pensaba que el ser humano es el único animal sobre la faz de la Tierra que es consciente de la muerte. Lo interesante es que las últimas investigaciones con primates y elefantes pueden echar por tierra esta hipótesis del ilustre austriaco para siempre.

El primatólogo Toshida Nishida ha presenciado varios casos de muerte en la selva de Mahale. En sus artículos describe cómo las crías muertas son cargadas por sus madres durante semanas e incluso meses si sucede durante la época seca, ya que los cuerpos se momifican, algo imposible durante la época de lluvias, en la que se descomponen rápidamente debido a la humedad. Algo interesante que descubrió Nishida es los cadáveres son cargados por las madres durante una semana, pero si tienen entre uno y tres años es cuando la carga puede prolongarse durante más tiempo. Esto contrasta con los macacos, los cuales dejan antes a los mayores que a los recién nacidos, lo que sugiere que la decisión para dejarlos proviene de instintos diferentes. “La madre de un macaco toma la decisión en base al peso del infante muerto, mientras que la madre de un chimpancé la toma dependiendo del grado de afectividad por el infante, afirma Nishida.

Otro caso interesante fue presenciado por Katherine Cronin y Edwin van Leeuwen, del Instituto Max Planck de Psicolingüística. Estos científicos filmaron las reacciones de un grupo de chimpancés ante la muerte de una cría de dieciséis meses de edad. Tras las horas que siguieron a la muerte de la cría, comprobaron la dificultad que supuso para la madre romper con el vínculo que le unía con su hijo. La hembra cargó con el cuerpo durante más de un día, luego lo posó en un claro y se acercó repetidamente para presionar con sus dedos en su cara y cuello, apartar insectos etc. Después lo trasladó al lugar donde estaba el resto del grupo y se quedó observando cómo éstos se interesaban por él.

En humanos, ante el fallecimiento también llevamos a cabo ceremonias específicas, como el homenaje en público y la exposición de su cuerpo para que sus seres queridos puedan despedirse de él. Para encontrarnos con reacciones similares, debemos echar un vistazo a otros mamíferos inteligentes: los elefantes. En algunas manadas, cuando un miembro ha fallecido, el grupo se acerca y lo acaricia con sus trompas. Este aparente ritual de los paquidermos, se repite cuando encuentran huesos de sus parientes u otros elefantes. Los distinguen de los de otras especies y parecen rendir “homenajes”; un comportamiento muy humano ya que nosotros también asistimos a entierros, funerales y visitamos sus tumbas o huesos con posterioridad.

Algunas personas llegan a sufrir un gran dolor en estas situaciones, poniéndose en peligro a sí mismas, algo que en los animales sucede también. Hace unos años se notificó en la India, el caso de una hembra de elefante llamada Damini, quien tras la muerte de su compañera en un parto se negó a comer durante días, lo que acabó por provocarle la muerte a ella. Se habían convertido en amigos inseparables tras el traslado de la elefanta meses atrás, comentaban sus cuidadores. La perdida de motivación y negarse a comer son respuestas comunes ante la pérdida de amigos entre los primates humanos y no humanos. Son varios los casos documentados en chimpancés. Al igual que sucede con ancianos que pierden a su cónyuge de toda la vida, parecen dejarse ir. ¿Será ésta la única forma que tienen de suicidarse los animales?, piensan algunos científicos.

Aunque es cierto que más datos sobre cómo reaccionan los animales ante la muerte, al menos contamos con evidencias de que son sensibles a ella. Si tenemos en cuenta que los animales sociales desarrollamos vínculos y apegos de una fuerte intensidad con otros miembros, lo lógico es pensar que sentimos algún tipo de emoción negativa o aflicción en su ausencia. No podemos saber qué ocurre en su mente de manera exacta, pero es excesivamente arrogante pensar que los humanos somos los únicos animales que sufrimos la muerte.

 

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