El ‘big bang’ de la religión

Las procesiones de Semana Santa son una de las manifestaciones religiosas que más llaman la atención de los antropólogos por la intensidad emocional manifestada en público y los sentimientos colectivos que en ellas afloran. Pero vayamos atrás varios miles de años para aprender un poco sobre ellas. 

 

El Cachorro, sobre una canastilla iluminada por candelabros de guardabrisas.

 A pesar de que las grandes religiones que existen en la actualidad nacieron todas en un periodo de la Historia muy concreto no muy lejano para los millones de años de nuestra espcie, algunos científicos rastrean sus verdaderas raíces no en Adán y Eva, sino en el mismísimo origen o ‘Big Bang’ del ‘Homo sapiens’, ya que las creencias son un fenómeno universal.

Las religiones son un excelente pegamento social. Para las primeras bandas de cazadores-recolectores es fácil imaginarse las funciones que cumplieron aquellos primeros sistemas de creencias a la hora de adaptarse y sobrevivir. Las ceremonias son muy útiles para resolver riñas y conflictos que pueden darse en el seno de las sociedades. De ahí seguramente que casi todas las celebraciones de este tipo incluyen algún momento similar al tradicional “darse la paz” de las misas católicas. Las celebraciones han sido usadas como métodos de resolución de conflictos por diversas sociedades del mundo. El biólogo David Wilson cree que el hecho de que el altruismo fuera una de las claves del éxito de nuestra especie frente a otras que compartieron territorio con nosotros, habría beneficiado el desarrollo de comportamientos prosociales como la generosidad y la religión. 

Los antropólogos creemos que las religiones también sirven de gobierno invisible cuando las poblaciones son muy reducidas como para desarrollar jefaturas o estados propios, los cuales requieren profesionales dedicados en exclusiva a la administración. En las bandas, las religiones generaban lazos entre las personas que las animaban a anteponer a la comunidad a los intereses individuales, llegando a dar tu vida en caso de un ataque extranjero. Una vez implantada la agricultura, la religión organizaba las labores necesarias para su desarrollo. Por eso son típicos los festivales que coinciden con épocas de cosecha y siembra. 

Al estar en ventaja, estos grupos reforzados por sistemas de creencias compartidos habrían prevalecido frente a los que no. Desde la Teoría de Selección Natural, esto significa que los primeros habrían pasado sus genes a la siguientes generaciones y los segundos no. Por esta razón, algunos científicos buscan el gen de la religión. De acuerdo a esta hipótesis, la religión está insertada en nuestro circuito neuronal desde hace miles de años y venimos al mundo con una predisposición a abrazarlas.

Sin entrar en el debate de la existencia de Dios y las prácticas concretas de algunas religiones, lo cierto es que se han evocado mucho sus defectos pero poco las virtudes que ha tenido en la adaptación de nuestra especie, como es el caso de su efecto pacificador y cohesionador en algunos periodos de la Historia. 

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