Los primates vuelven a la oficina

                                    Fotograma de la película ‘El apartamento’, de Billy Wilder

Llega el inevitable regreso al trabajo después de las vacaciones y con él aflorarán de nuevo reacciones, actitudes y comportamientos que evidencian nuestro pasado más tribal, junto al mono que todos llevamos dentro.

Hasta la creación de los Estados en unos casos o la llegada de la Revolución Industrial en otros, la mayoría de los seres humanos trabajaban junto a parientes y amigos. Las personas obtenían el sustento en comunidades donde los individuos poseían fuertes vínculos entre sí. Apenas había distinción entre las esferas  económicas, políticas y sociales. Todo estaba relacionado.

Los grupos de cazadores-recolectores de entonces han sido sustituidos por las tribus con corbata de hoy porque las empresas u organizaciones a las que pertenecemos son nuestras nuevas referencias de identidad grupal. En Occidente, las personas pasamos más de la mitad del día en el trabajo. En algunos casos, los vecinos e incluso las familias han pasado a un segundo plano. No es de extrañar por tanto que en algunas empresas la gente vista de manera parecida, usen las mismas palabras o se inventen apodos u otros símbolos de unión.

Los seres humanos poseemos un fuerte instinto de asociación que nos impulsa a auto-organizarnos. Estamos cableados para ello porque somos vulnerables. Cuanto más frágil es una especie, mayor es su instinto gregario. Pensemos en los tigres u otras especies solitarias. Estas son autónomas y excepto a la hora de reproducirse, pueden sobrevivir el resto de su vida por sí mismas. Pero esto no es posible para nuestro orden: los primates.

Cuando nos incorporamos a grandes empresas con cientos o miles de trabajadores, generamos bandos y facciones de manera espontánea. Ni siquiera hay necesidad de pactos explícitos. Las tribus rivales se convierten en otros departamentos o niveles de  la organización. Generamos alianzas y coaliciones que unen a determinados individuos frente a otros, algo presente tanto en las empresas como en las comunidades de chimpancés. Esto se debe a que la clave del éxito para los primates está en el número y calidad de las alianzas que posee. Lo que viene a ser uno de los elementos más importantes de la denominada Inteligencia Social, la cual puede llegar a ser más importante que el propio talento o el conocimiento técnico.

Por ello, a veces, los jefes no son los que controlan la empresa. Otros líderes en la sombra cuyo poder no aparece reflejado en el título de su cargo tienen la llave que da y quita permisos. Estos líderes informales pueden movilizar a un buen número de trabajadores en contra del jefe. En chimpancés ocurre también. La jerarquía existe, pero un alfa no puede hacer nada si el beta se alía con otro subordinado en su contra. Es la manera que tenemos algunos mamíferos de darle la vuelta a la jerarquía y desviar los circuitos por donde circula el poder.

Por otro lado, los primates no nos manejamos bien en grupos demasiado grandes porque provenimos de comunidades de tamaño reducido, con apenas unas pocas decenas de miembros. Además, todos se conocían entre sí, lo que aumentaba el compromiso. Desde el Imperio Romano, ejércitos de medio mundo han usado esta estrategia. Los militares saben que nos involucramos más cuando conocemos a todas las personas del grupo y por eso diseñan los comandos teniéndolo en cuenta. La centuria romana se ideó en parte bajo estos criterios. Los directivos deberían tomar nota de estos mecanismos psicológicos.

Otro de los obstáculos psicológicos a los que nos enfrentaremos en el trabajo es la sensación de que nadie valora lo que uno hace. ¿Por qué en los estudios de satisfacción laboral aparece siempre en los primeras posiciones la falta de reconocimiento como fuente de malestar? La razón es que el prestigio es fundamental para los grandes simios. Todos cuidamos de nuestra reputación. Al fin y al cabo, nuestro éxito social depende de la fama que tengamos: conseguir la cooperación de otros, ascensos en el trabajo, éxito en la creación de alianzas, compartir logros y recursos, etc. La información que poseemos sobre los demás es fundamental para nuestra supervivencia. De ahí viene también la tendencia a los cotilleos, rumores o dedicar tiempo en el trabajo a hablar de compañeros y/o jefes.

Para otros, el trauma será precisamente soportar a ese alfa o jefe. Se ha comprobado que este tipo de líderes sólo hacen trabajar al grupo si están presentes. Por eso existen programas informáticos diseñados para esconder los juegos de ordenador o el Facebook. Con un clic, aparecen en tu pantalla complicadas gráficas y sesudas hojas de cálculo. Las reacciones de los chimpancés ante un líder tirano son similares. En su presencia, pueden ser forzados a hacer algo, pero los subordinados buscarán maneras de esconderse y engañarle.

En conclusión, este año, recuerda lo que nos enseñan nuestros hermanos los grandes simios u otros primates. Genera alianzas, cuida tu prestigio pero comparte los éxitos y el “copyright” con tu equipo porque las empresas u organizaciones de hoy son las tribus del siglo XXI.

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