Animales que sienten para elmundo.es

Animales que sienten y padecen

Pan troglodytes Pan paniscus son los nombres científicos que hacen referencia a los chimpancés y los bonobos respectivamente. No es pura casualidad. Se los puso este nombre al género completo porque Pan era un dios que habitaba los bosques en las mitologías griega y romana. Por esta razón, estos grandes simios que habitan en las selvas de África recibieron tal nombre. De ahí también el origen del nombre del protagonista del cuento Peter Pan.

Pero los bosques de África se están quedando sin sus “seres de los bosques” por la caza furtiva ilegal. Mi amigo y colega de profesión Federico Bogdanovich, del Instituto Jane Goodall España, así lo hizo saber a El Mundo en los últimos días.

Esta carne está destinada a su venta en restaurantes de lujo donde ofrecen platos exóticos. Pero el negocio está en el traslado de las crías huérfanas, cuyas madres han sido asesinadas previamente, a Asia u otros lugares del mundo con legislaciones más laxas al respecto, donde habitan en mansiones de millonarios horteras que gustan de poseer en sus colecciones privadas un chimpancé que “haga monerías”, pero también tigres, leones y quién sabe qué otros animales más. En España también ha ocurrido. Jesulín de Ubrique y Jesús Gil practicaron dicho coleccionismo en el pasado. Es como si pensaran que los animales ni sienten ni padecen.

Las primeras reflexiones sobre el comportamiento animal las elaboró Aristóteles en su obra “Historia de los animales”. El ilustre filósofo consideraba las emociones animales como de segunda clase. Pero esa idea se mantuvo en la Edad Media y hasta épocas muy recientes llevándolo al extremo. Por ejemplo, cuentan que un discípulo de Descartes, para demostrar que los animales no sentían dolor, le dio patadas a una perra preñada en presencia de su maestro hasta provocarla la muerte.

Pero una de las corrientes que más daño ha hecho a la creencia de las existencias de emociones en animales ha sido el conductismo. Esta escuela, que si bien fue reveladora para la psicología, resultó fatal para los animales. Su fundador, John Watson, estaba convencido de que los animales eran robots programados para chillar, gritar o gemir. Pero en cualquier caso una farsa porque en realidad no sentían nada.

Watson olvidó por completo que cien años antes, Charles Darwin ya hablaba de emociones animales sin grandes reparos. En la época en la que Darwin trabaja en el Zoológico de Londres, en su diario aparecen comentarios en los que registra lo obvio que resulta el que los animales sienten placer, dolor, felicidad o tristeza. El problema es que nadie quiso creerle en los siglos posteriores.

Pero la ciencia y las observaciones avalan la teoría contraria. Por ejemplo, Frans de Waal, cuenta la anécdota de una bonoba que trató de salvar a un pájaro, el cual cayó en un foso tras estrellarse contra el cristal de un zoo inglés. Mientras el pájaro luchaba por salir fuera del agua sin éxito, una hembra de bonoba se acercó, lo agarró y escaló hasta el punto más alto de la instalación: un árbol. Entonces, aferrándose al tronco con sus piernas para poder tener las manos libres, la bonoba desplegó las alas del pájaro con mucho cuidado y lo arrojó con fuerza en dirección al exterior del recinto, como hubiera hecho cualquiera de nosotros. Desafortunadamente, el pájaro no pudo alzar el vuelo, cayendo de nuevo en el interior de la instalación. La bonobo bajó rápidamente y lo protegió durante horas de sus compañeros hasta que cayó la noche. A la mañana siguiente el cuidador no lo encontró en el recinto. Lo más probable es que se recuperara del golpe y pudiera retomar el vuelo por sí mismo. De Waal cree que lo importante de este hecho es cómo la bobona adaptó su comportamiento a las necesidades del pájaro, algo imposible sin la existencia de empatía y emociones que la guién, pues esta misma conducta hubiera sido completamente absurda para ayudar a otro miembro de su especie. No se trataba de un simple instinto. Había otros elementos relacionados con las emociones en juego.

Elefantes

El sistema límbico es el área del cerebro donde se generan las emociones de todos los mamíferos, ayudado por neurotransmisores como la dopamina y la serotonina. Las estructuras cerebrales y los comportamientos implicados en las emociones, son comunes a aves, mamíferos y reptiles, por lo que potencialmente todos ellos pueden tener experiencias emocionales.

El experto de la Universidad de Colorado, Marc Bekoff cuenta en sus libros que ha preguntado a sus colegas de laboratorio en varias ocasiones si usarían sus perros y gatos en estos experimentos. Éstos se declaran incapaces de hacerlo, sin excepción.

Pero una anécdota más reveladora sobre el miedo que se ha tenido a admitir las emociones en animales proviene del etólogo Marc Bekoff. Un día, minutos antes de presentar unos resultados en público en la universidad, se encontró en el aparcamiento de la facultad a un compañero llamado Bill y estuvieron hablando de su perro Reno. Reno, contaba Bill, era muy feliz jugando con otros perros, pero recientemente habían aflorado en él terribles celos de las atenciones que procuraba a su hija. También solía deprimirse cuando se le dejaba solo en casa. Después, los dos entraron al evento y tras la presentación llegó el turno de preguntas. Bill agarró el micrófono y acusó a Marc de atribuir emociones humanas a animales. Entonces Marc le recordó a Bill la charla que habían tenido minutos antes. Bill se puso rojo y contestó “Bueno Marc, sabes perfectamente qué quise decir antes, sólo estaba ‘soltándome el pelo’ al hablar de mi perro Reno. En realidad estoy bastante seguro de que no siente celos ni tristeza, sólo actuaba como si los tuviera”.

Tradicionalmente, todo lo relacionado con las emociones y la empatía ha sido impopular entre la comunidad científica, especialmente si se trataba de animales. Se consideraba como un conjunto de efectos secundarios no deseados de la evolución que interfieren en el correcto funcionamiento de la razón.

En conclusión, está probado que existe una continuidad entre los animales y los hombres, tanto en aspectos físicos como psicológicos. De hecho, hoy en día, es más fácil probar que los animales tienen emociones y empatía que lo contrario.

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