La manada furiosa

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La Operación Púnica, junto a decenas de escándalos similares, están enfureciendo a la manada. Por muy tontos que nos crean, la sociedad o “tribu” siempre está atenta. Puede que tardemos en reaccionar, pero los abusos de poder generan en nuestra especie y otras cercanas deseos de rebelión, y hasta de venganza.

Los imputados políticos no son dictadores porque han sido elegidos por la ciudadanía, pero no para cometer delitos. Cuando no tienen límites e incumplen sus funciones, a medio y largo plazo, las sociedades se une en su contra.

Las formas abusivas de gobierno terminan por unir a sectores muy diversos de la población, generando grandes coaliciones que tratan de contrarrestar los abusos de poder. Sin entrar al análisis político, el surgimiento de grupos como Manos Limpias ya hace casi 15 años, el partido político Podemos u otros de reciente creación, plataformas anti-desahucio, yayoflautas y decenas de asociaciones civiles más son buenos ejemplos de ello.

No tenemos que comulgar con estos movimientos, pero sí es cierto que ha llegado el momento de unirnos, de una manera u otra, en contra de los aprovechados que ponen en peligro el balance positivo que ha supuesto la cooperación para nuestra especie en los últimos miles de años.

En algunas especies de primates, el método que emplean las víctimas para oponerse a los que ejercen un gobierno mediante el abuso es la cooperación en su contra. A veces de manera activa y otras pasiva, simplemente no haciendo o dejando a otros hacer. Este es el caso de los chimpancés, cuyos líderes se han impuesto por la fuerza o roban en exceso. Éstos no gozan de una aceptación eterna e incondicional. En cualquier momento pueden ser forzados por el resto del grupo a abandonar el “cargo” y ser condenados al aislamiento, presionados por una coalición de antiguos seguidores. Además, si un individuo es excesivamente autocrático, el colectivo parece olvidar sus disputas personales y se organizan todos en su contra.

¿Pero qué hacen algunos primates para evitarlo desde el principio? Pues ejercer una verdadera oposición, más efectiva que la parlamentaria por lo comprobado en España. Por ejemplo, cuando un líder de chimpancé asciende a lo más alto de la jerarquía, comienzan movimientos en el grupo que cuajan en alianzas que frenan sus abusos, ejerciendo de esta manera una fuerza opuesta. Así cuestionan la autoridad de los más poderosos en todo momento. Cada individuo es vigilado por el resto.

Por lo tanto, en los primates humanos y no humanos existe una batalla psicológica interior entre impulsos que nos conducen al abuso o un liderazgo autoritario por una lado, y las fuerzas que nos hacen desear la igualdad y la democracia por el otro. Gracias a estas últimas, según el primatólogo Christophe Boehm, podemos controlar las fuentes de poder e incluso darle la vuelta al circuito tradicional por donde éste fluye.

¿Y la venganza? ¿También es usada por otros animales? La venganza es un sentimiento complejo considerado exclusivo de los seres humanos. Encontramos ejemplos de sanciones inmediatas en los cuervos, quienes lanzan picotazos contra los ladrones aunque nos sena ellos los afectados. Pero la venganza va más allá. Requiere de una mejor memoria y cierta premeditación.

Para encontrar casos similares a los humanos debemos fijarnos en los elefantes. En octubre del 2006, una manada de elefantes irrumpió en la población de Ranchi, India, obligando a huir a sus habitantes. Los animales buscaban el cuerpo sin vida de una hembra perteneciente a su grupo que había caído en un canal de irrigación próximo a dicha localidad, y terminó muriendo ahogada. El cadáver ya había sido enterrado por los vecinos, pero los animales siguieron buscando durante tres días, destrozando a su paso cosechas y cabañas. Ese mismo año se publicaron las primeras imágenes de cerebros de elefantes. Los resultados mostraron un hipocampo de proporciones asombrosas, una zona estrechamente relacionada con el procesamiento de las emociones y la memoria.

En conclusión, ojalá no lleguemos tan lejos como los elefantes, pero que nadie dude que en los meses venideros puedan emerger sentimientos en el interior de las personas que nos recuerden a la famosa obra de Lope de Vega, Fuenteovejuna. En esta,el pueblo cordobés del mismo nombre se rebela contra los abusos de poder y tiranía del Comendador gritando al unísono: “¿Quién mató al Comendador? / Fuenteovejuna, Señor / ¿Quién es Fuenteovejuna? / Todo el pueblo, Señor”.

Porque sin tener que llegar al extremo del pueblo cordobés, para los primates humanos y no humanos, en estos casos de corrupción nos va la vida como especie gregaria. Por eso deseo que los políticos observen y recuerden que en la selva, como en las urnas, afortunadamente, la conformidad nunca es eterna.

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