Depredadores psicópatas en las gradas para elmundo.es

Enlace original: http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/yomono/2014/12/06/depredadores-psicopatas-en-las-gradas.html

Algunos contextos contemporáneos se convierten en detonadores perfectos para dar rienda suelta a la agresividad patológica que algunas personas poseen en su interior. El asesinato de un hincha del grupo Riazor Blues, junto a su posterior lanzamiento al río Manzanares, acto cometido por miembros del Frente Atlético, son buena prueba de ello. El fútbol es sólo una excusa, pues un deporte no puede ser por sí solo ser causa, pero sí es cierto que contiene elementos y personas en la ecuación que favorecen estos sucesos.

Aunque la violencia por la violencia no es un comportamiento generalizado, sí sabemos de casos aislados de asesinato en tribus y otras especies de animales cuando actúan en masa. Pero también suceden en otros entornos contemporáneos humanos como pueden ser las escuelas, los campos de fútbol o algunas manifestaciones.

En la selva, entre los chimpancés, a veces también se enfrentan rivales de comunidades limítrofes. Se cree que estas guerras tiene la función de conservar un territorio que contenga los suficientes alimentos y hembras como para sobrevivir, pero algunos casos no parecen coherentes con esta función y sobrepasan ciertos límites, más propios de un psicópata que de un guerrero.

El primatólogo Cristophe Boesch ha observado batallas entre chimpancés en Tanzania, en la que algún macho ha llegado a extirpar los testículos e incluso comerse a individuos de comunidades vecinas. Entonces, ¿hay también psicópatas entre los animales? No podemos saberlo porque la etología o ciencia que estudia la conducta de los animales aún no ha profundizado en el tema de las personalidades individuales, negadas hasta hace bien poco. Pero no hay razón para pensar que, al menos entre chimpancés, también existan psicópatas.

En el caso particular del caso acontecido la semana pasada en Madrid, para empezar, los hinchas de cada equipo poseen símbolos comunes como les sucede a algunas bandas o grupos terroristas, donde aflora el lado oscuro del sentimiento tribal que todos poseemos: cantos, insignias, banderas… A esto hay que sumarle el historial de rivalidad y venganza, junto a la construcción de una identidad basada en la confrontación con otros grupos similares: Frente atlético, Ultra sur, Herri Norte Taldea, etc.

Pero estos elementos no son suficientes para comprender un asesinato de tal magnitud. Debe haber otras variables. A la ecuación hay que añadir que estos grupos, sólo en parte, están liderados por individuos con graves psicopatías, quienes utilizan el fútbol como excusa y telón de fondo para actuar.

En los años 30, el psicólogo social Roger Lewin, demostró mediante un experimento en el que un mismo grupo de niños pasaba por tres diferentes tipos de líder, que cuando éste era autoritario, los chicos eran muy violentos los unos con los otros. La agresividad se contagiaba. Esta hipótesis coincide con el hecho de que en los grupos ultra siempre hay dos grupos: uno muy reducido compuesto de cabecillas y otro más amplio de jóvenes, dispuestos a jugarse la vida por causas absurdas.

En varios estudios, como los realizados por el psicólogo Stanley Milgram hace décadas, ya quedó demostrado que somos capaces de torturar a desconocidos si una autoridad nos lo ordena. En el famoso experimento, un investigador presionaba a los voluntarios para que apretaran un botón que producía descargas en un actor, el cual en una habitación adyacente fingía retorcerse de dolor en cada ensayo. Los resultados fueron terroríficos pues los ejecutores llegaron a aplicar descargas letales y demostraron que algunos líderes pueden influir en el comportamiento del resto de manera muy negativa.

En conclusión, no podemos saber cuáles de esos matones acabarán arrastrando a la manada a contextos de violencia extrema. Ni tampoco la naturaleza nos ofrece grandes respuestas a este problema. Lo que sí parece funcionar es detectar a estos cabecillas y desactivarlos socialmente en todos los sentidos, cada uno en su parcela de poder pero todos juntos, ya sean jefes de grupos ultra, bandas terroristas o dictadores sin escrúpulos.

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