Desafío de cachorros en el ‘juego de tronos’ español

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La conformidad con el líder vigente nunca es eterna. En una comunidad de primates de cualquier especie, incluida la nuestra, los jóvenes siempre esperan el momento de obtener una pequeña cuota de poder que con el paso del tiempo, finalmente resulte en la ascensión a lo más alto del liderazgo. Es decir, con paciencia y decenas de maniobras, van trabajando para algún día alcanzar su objetivo final. Muchos de ellos no descansan hasta el día que obtienen el deseado puesto de alfa.

Los jóvenes de chimpancés con mayores habilidades sociales y políticas, es decir, los homólogos de Rivera e Iglesias de la selva, comienzan su “carrera política” con pequeñas maniobras que les aseguren una buena posición dentro del poder establecido, en el interior de  las líneas de poder tradicionales y bien asentadas, junto a los poderosos machos alfa y beta.

Con el paso de los años, los juveniles, si no consiguen un puesto de primera fila, no se sienten satisfechos. Este es el origen de toda ascensión al poder de los jóvenes, ya sean chimpancés o humanos. Hace mucho frío en la oposición por poca edad que uno tenga. No es un momento de la vida como para andar solo en la compleja selva política. Aún les queda mucho por aprender. Con tan pocos años, es muy pronto para emprender una aventura en solitario.

Este fenómeno, que encontramos en varias especies de primates, coincide con la trayectoria de Pablo y Albert, que antes de independizarse y fundar sus propios partidos políticos militaron en las filas de Izquierda Unida y el Partido Popular respectivamente. Pero el tiempo pasa muy rápido y las ambiciones se transforman a medida que éste transcurre.

Según pasan los años, algunos con especial vocación de alfa, y que además se sienten seguros en el área de las maniobras políticas y sociales, quieren mucho más. No es suficiente estar en un tercer o cuarto plano como cuando estaban en las filas de los partidos tradicionales. El carisma que poseen y que sus seguidores les reconocen, hacen que deseen más.

Los mas veteranos suelen meter la pata con abusos de poder o posturas conservadoras en exceso, producto de la edad y la sensación de impunidad que otorga estar en lo más alto durante tanto tiempo. Los jóvenes, por su lado, tienen otras motivaciones, algunas de ellas muy nobles.  Pero también poseen otras de tipo narcisista y egocéntrico. Al fin y al cabo, quieren ser los nuevos protagonistas de la escena política y social. O lo que es lo mismo, convertirse en la nueva casta.

Es ley de vida que los más jóvenes reten a los más adultos para poder reemplazarlos y así debe ser probablemente. Esto ocurre desde en las manadas de lobos hasta en los partidos políticos, pasando por las grandes corporaciones multinacionales. No hay nada de nuevo al respecto. Muchos de los que ahora se aferran al sillón y observan con cara de terror lo que se les viene encima, esos mismos que ahora tiemblan, ejercieron ese rol de jóvenes transgresores y con energía que ahora encarnan los líderes de Podemos o Ciudadanosno hace tanto tiempo. La historia se repite como sucede en cualquier comunidad de chimpancés, babuinos o macacos. Todas ellas especies muy políticas y jerarquizadas como son la nuestra.

Pero por mucha independencia que deseen los nuevos y jóvenes líderes, las alianzas con otras fuerzas son fundamentales. Eso lo sabe cualquier chimpancé, como también Teresa Rodriguez y Susana Díaz, jóvenes también. La moraleja es que ningún primate puede llegar demasiado lejos por sí solo. Además, la fuerza bruta tampoco es suficiente. En nuestras sociedades de primates tan complejas nadie puede obtener el poder si no es con la ayuda de otros, o al menos el beneplácito de personajes y/o colectivos relevantes de la comunidad.

Quizás aquí esté la razón por la que los partidos políticos que han irrumpido estén buscando posiciones intermedias que no les dejen en una situación desfavorable para lo que se avecina en el futuro. Los chimpancés, aunque con matices, deben actuar de manera similar. Un exceso de autoridad puede acabar con el resto de su equipo interno en su contra y con la sociedad

Así pasó con los chimpancés de la colonia de Arnhem, donde el primatólogo holandés Frans de Waal estudió el proceso de destitución de un viejo líder llamado Yeroen, a manos de una alianza de dos chimpancés más jóvenes: Nikkie y Louit. Durante más de dos años, ambos estuvieron lanzando tentativas y socavando su poder del viejo Yeroen, incluso cuando uno de ellos había sido su aliado durante varios años de su reinado. El día que llegó el momento del asalto final, el resto del grupo, que había apoyado a Yeroen durante mucho tiempo, miró para otro lado: lo que en humanos equivale a la pasividad o la abstención del voto.

Por lo tanto, las elecciones de mayo, pero también las otras que nos esperan este año, son un momento perfecto para descubrir el lado más político de los primates humanos y sacar al descubierto el zoon politikon (animal político) que llevamos dentroUna capacidad que el filósofo Aristóteles atribuía de manera exclusiva al ser humano. Sin embargo, ahora sabemos que los otros primates emplean las mismas estrategias que nosotros desde hace miles, e incluso puede que millones de años. Tampoco en esto estamos solos.

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