El orangután Budi, un drama con final feliz, para elmundo.es

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/yomono/2015/05/23/el-orangutan-budi-un-drama-con-final.html

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Los grandes simios, los elefantes y otros mamíferos son dependientes emocionalmente de sus madres durante muchos años. Por eso la separación trae consecuencias catastróficas a los pequeños, y a sus mamás probablemente también.

Lo acaba de demostrar el dramático caso de Budi, un bebé de orangután de un año de edad que fue hallado encerrado en una jaula para gallinas en Indonesia. Cuando las autoridades informaron del caso, varios miembros de asociaciones locales acudieron rápidamente. Tras diez horas de viaje por ríos y carreteras, llegaron al lugar. Budi estaba muy enfermo tras el rechazo sufrido durante tantos meses. Pero también por la dieta, la cual consistía en leche condensada exclusivamente. Nunca había tomado nada sólido.

Budi presentaba signos severos de malnutrición y deterioros en el desarrollo. Entonces fue trasladados a la asociación que allí se encuentra, llamada International Animal Rescue. Karmele Sánchez, una veterinaria española que dirige el proyecto allí, declaró: “No podemos siquiera imaginar cuánto dolor ha sufrido este pequeño bebé. Sus ojos se llenan de lágrimas cada vez que los doctores le mueven o le tocan para curarle”. Como ocurre con niños que han sido atados y nunca les acariciaron, el solo hecho de que sean tocados les produce dolor.

Afortunadamente, esta historia tiene un final feliz. Budi está mejorando gracias a la ayuda que recibe y el programa de recuperación que sigue en el centro. Incluso tiene a otro bebé de compañero de juegos quien sin duda le tratará mejor que los humanos que le llevaron a esa situación hasta que Karmele y su equipo dieron con él.

Otro caso similar que demuestra la importancia crucial de la afectividad en el desarrollo de los mamíferos es la historia de MeBai, una bebé elefanta que fue separada de su madre durante los primeros años de vida para ser esclavizada en una granja donde era obligada a cargar a lomos a decenas de turistas al día, a pesar de su corta edad.

Cuando los responsables del centro de rescate para paquidermos Elephant nature park escucharon de su caso, acudieron a pedir la liberación de la bebé. El dueño accedió porque estaba enferma y la trasladaron a las instalaciones que poseen en Thailandia. Pero uno de los trabajadores del centro empezó a indagar en la historia y localizó a su madre, Mae Yui, en otro campo para turistas a más de 60 millas de distancia.

Así que los cuidadores comenzaron la peregrinación con MeBai hacia el reencuentro con su madre. Tuvieron que caminar durante cuatro días a pie, pero mereció la pena. “Cuando Mae Yui y MeBai se encontraron, ambas entraron en un estado de shock que duró una media hora”, declaró uno de los testigos. Tras la impresión inicial, las dos elefantas comenzaron a unir sus trompas, agitar sus orejas de la alegría y se abrazaron durante más de tres horas.

Lo que nos enseñan estos dos casos es que todos los mamíferos somos un grupo de especies muy sensibles al entorno donde los adultos que nos rodean cumplen una función crucial en nuestro desarrollo. Cualquier abuso o rechazo de afecto puede condicionarnos de por vida.

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