Magaluf en la selva, para elmundo.es “Yo, mono”

Un grupo de turistas, de fiesta en Magaluf. AFP

Me río yo de las parrandas de Magaluf en Mallorca o de las fiestas salvajes de Ibiza. Hasta las sangrías y vinitos que todos nos vamos a tomar este verano, tienen sus precedentes o analogías en el reino animal.

Por si no fuera poco ya con el fruto de la marula, el cual provoca los mayores botellones de la sabana africana, donde se juntan decenas de especies de animales para consumir el fruto fermentado de este árbol (elefantes, papiones, facóqueros y ungulados de varias especies que acaban haciendo eses y con resacas tremendas al día siguiente), ahora descubrimos que los chimpancés también le dan al vino en el “mercado negro” en la mismísima selva.

En Guinea, donde la investigación se llevó a cabo, los habitantes locales depositan en lo alto de los árboles de la palma de vino unos plásticos con lo que tapan los frutos para favorecer la fermentación a través de la savia. Luego la recogen ya transformada en alcohol cada mañana y cada tarde.

Los investigadores del área han presenciado a los chimpancés subirse a los árboles, a menudo en grupos, con el objetivo de robar la savia fermentada de manera natural. El saqueo es imparable y las consecuencias de tener a una docena de chimpancés borrachos en la zona son muy parecidas a las unos los hooligans pasando por tu calle. Los síntomas iban desde quedarse dormidos hasta moverse agitados de árbol en árbol durante horas por la noche.

Los chimpancés usaron hojas a modo de esponja para extraer el líquido espirituoso. Luego las mordisqueaban. El equipo de investigadores, dirigido por la primatóloga Kimberley Hockings, calcula que el contenido de alcohol de esa savia es de aproximadamente un 3%, es decir, muy parecido a una sidra asturiana. Pero como en todas las pandillas, había individuos con más aguante que otros. Algunos se bebieron el equivalente a una botella de vino.

Los primates arrojan luz sobre la manera en la que los humanos comenzamos a consumir alcohol. Según la hipótesis más aceptada, primero lo deseamos por su alta aportación calórica a la dieta. Luego descubrimos otros usos y lo extendimos a momentos recreativos y lúdicos. El biólogo evolutivo Richard Byrne cree que el origen evolutivo de ese gen pudo ser el permitirnos explotar nuevos recursos alimenticios de calidad, como el azúcar simple que contiene el alcohol.

Pero la similitud en el gusto por el consumo de alcohol puede deberse a un gen que compartimos los primates africanos, incluidos los humanos. Éste fue descubierto por Matthew Carrigan, de la Universidad de Santa Fe en Estados Unidos. La mutación que compartimos nos permitió metaforizar etanol de forma efectiva. Todo un logro evolutivo.

Como dicen algunos colegas a los cuales me sumo, incluso después de llevar décadas estudiando a los chimpancés, cada año nos sorprenden con comportamientos más y más humanos.

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