El tamaño no es lo único que importa

Un grupo de monos aulladores. CAROLYN M. CROCKETT

Puede que no te hayas fijado, pero los testículos del ser humano son bastante pequeños comparados con los que tienen el resto de los primates. Por ejemplo, los de los chimpancés y los bonobos doblan en volumen el de las personas. En este sentido, son la envidia de Nacho Vidal o Rocco Siffredi.

El tamaño de estos órganos no es algo azaroso en el Reino Animal, sino que responde a una lógica evolutiva y a estrategias concretas. Cuando en una sociedad de primates, las hembras se aparean con varios machos, en el interior de del útero se encuentran espermas de varios individuos. Como normalmente sólo uno puede fertilizar el óvulo, entonces se produce lo que en biología evolutiva se denomina “competición espermática”.

No se trata de que los espermatozoides se aticen los unos a los otros. Simplemente consiste en que, aquellos que hayan eyaculado una mayor cantidad, porque poseen unos testículos que albergan más esperma, tienen más posibilidades de ser los ganadores. Por eso, a lo largo de la evolución, algunas especies han sido mejor dotadas, nunca mejor dicho.

Pero hay esperanza, amigos primates. Un equipo de investigadores liderado por el biólogo Jacob Dunn ha descubierto que la naturaleza tiene maneras de compensar estas carencias. El primate estudiado en cuestión es el mono aullador, el cual habita en las selvas de Suramérica. Este interesante mono es conocido por los intensos rugidos que es capaz de producir a pesar de su pequeño tamaño. Las vocalizaciones que realiza tienen el propósito de atraer a hembras y defender su territorio de otros machos. Es decir, compiten por medio de sonidos.

Además, como viven en selvas frondosas, comprobarlo es complicado para otros rivales que no ven su verdadero tamaño y pueden sentirse intimidados por semejantes ruidos. Es como si un humano de baja estatura gritara con todas sus fuerzas escondido detrás de un árbol para intimidar a sus enemigos, haciéndoles creer que es más alto y corpulento.

Pues bien, Dunn ha comprobado que cuanto menor es el tamaño de sus testículos, mayor es el volumen con el que aúllan. Parece que se trata de un mecanismo que equilibra las estrategias de competición con otros machos mediante sonidos con la capacidad de fertilizar a las hembras a través de una eyaculación más abundante.

En esta especie, algunos machos viven en harén, mientras que otros deben compartir hembra. Los primeros, al tener acceso seguro a la reproducción, deben mantener su harén mediante potentes vocalizaciones y por lo tanto no necesitan testículos más grandes. Los segundos, que no gozan de exclusividad con las hembras, sí han desarrollado un mayor tamaño de sus partes.

Para llegar a esta conclusión, analizaron la relación entre el hiodes, un órgano con el que cuenta esta especie para amplificar sus vocalizaciones en la zona del cuello, con el tamaño de sus testículos. Dunn encontró una correlación inversa entre ambos. A mayor tamaño de los testículos, menor es este órgano que hace más potentes los sonidos.

En definitiva, tomad nota. No sólo es una cuestión de pelotas. La naturaleza es sabia y compensa a los individuos menor dotados con otras armas con las que alcanzar sus objetivos.

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