Iris y Thula: la increíble historia de amistad entre una niña autista y su gata

No siempre podemos descifrar la mente de los niños y niñas con autismo. Pero, ¿y si otras especies animales sí pudieran conectar con ellos y darles lo que necesitan? Pues no se trata de ciencia ficción sino de una realidad objetiva. Es el caso de la niña Iris Grace y su amiga Thula, una gata.

En año 2010, la preciosa Iris vino al mundo en Leicester, Inglaterra. La mala suerte hizo que a la edad de dos años fuera diagnosticada de un trastorno severo de autismo. Desde entonces, la vida de su madre Carter y su padre Peter no ha sido nada fácil. Los tres han pasado por momentos de mucha oscuridad y callejones sin salida. Antes de que la gata Thula apareciera en sus vidas, la comunicación con su hija era compleja. Iris no podía dormir bien, mostraba un comportamiento obsesivo y no establecía contacto visual, negándose a jugar son sus padres u otros niños. Tampoco hablaba y sólo los libros atraían su atención.

Los padres, tras rastrear por su cuenta los mejores métodos para Iris, lo intentaron con varios animales. En concreto, con un perro y un caballo. Pero Iris no respondió positivamente y los evitaba. Se dieron por vencidos y llegaron a la conclusión de que los animales no podían ayudar a su hija como sí ocurre en otros casos.

Pero en las navidades del año pasado, un hermano mayor tuvo que irse a Suecia y dejó con sus padres a su gato. Al principio estaban temerosos, pero se sorprendieron de lo bien que se toleraron el uno al otro. ¡Una nueva esperanza para comunicarse con Iris!

Así que la pareja se puso manos a la obra e investigaron sobre las razas de gato que mejor se adaptaban a las necesidades de su hija y resultó ser el Mapache de Maine, una raza de Estados Unidos que se caracteriza por ser cariñosa, amable, inteligente y, a diferencia de otras, le gusta el agua. Tras contactar con un criador de la zona, compraron uno y lo llevaron a su  casa. Le pusieron el nombre de Thula y desde aquel día nada ha sido igual. Todo ha cambiado para siempre.

El lazo que establecieron Iris y Thula dejó va más allá de lo explicable. El primer día, Thula ya durmió en los brazos Iris. Esta conexión no tenía precedentes para ellos. Nunca habían experimentado nada igual. Una enorme alegría invadió a todos. “Thula adora hacer todas las cosas que para la niña son una gran dificultad. Es un regalo del cielo”, declaró su padre Peter.

Por ejemplo, bañar a Iris era una pesadilla porque tenía miedo del agua. Pero como a Thula le encanta y acompaña este problema ha desaparecido. Tampoco podían viajar demasiado en automóvil porque Iris se ponía muy nerviosa. Ahora, Thula lo detecta y se sienta en su regazo para calmarla cuando esto sucede. Ya pueden viajar. Otro problema más resuelto gracias a la increíble conexión entre Iris y su gata.

Por las noches, cuando Iris está intranquila, no puede dormir o se despierta en medio de la noche, Thula aparece y juega con ella para calmarla hasta que se duerme de nuevo. Pero las sorpresas no acabaron ahí. Un día, Iris comenzó a hablar para comunicarse con su amiga y ahora dice cosas como “más gato” o “siéntate gato”.

Thula, a su manera, imita lo que hace su amiga y esto la motiva a continuar haciéndolo. Como por ejemplo cuando pintan juntas en el exterior de la casa, proporcionando la seguridad que ella necesita para hacerlo. “Es precioso verlo y me da mucha tranquilidad saber que Iris tiene otros compañeros además de nosotros”, piensa su madre Carter, ahora ya feliz.

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