Corrupción y abuso de poder en la selva

Fraude en la naturaleza

Para la tradición cristiana, la primera mentira de la Historia se remonta a la época de Adán y Eva, cuando, seducidos por la serpiente, estos desobedecieron la orden directa de Dios de no tomar las frutas que colgaban del árbol de la ciencia. Pero una manzana no es nada si la comparamos con los pisos de lujo, los coches de alta gama y otros bienes valorados en millones de euros que en los últimos años han sido adquiridos por los políticos a base de fraudes y robos. En 2008, el FBI detuvo al banquero Bernard Madoff, quien protagonizó el mayor fraude conocido hasta la actualidad. Madoff consiguió acumular mediante la estafa una cantidad que sobrepasó los cincuenta mil millones de dólares. Actualmente en prisión, era el presidente de una compañía de inversiones que ofrecía intereses muy superiores a otras entidades financieras. En el anzuelo picaron desde artistas famosos hasta otros bancos. Pero, ¿cuál es, desde un punto de vista evolutivo, la esencia de los comportamientos de fraude cometidos por los seres humanos en el siglo XXI?

El engaño está omnipresente en la naturaleza bajo formas diversas. Los camuflajes de las mariposas que imitan especies venenosas, perros que orinan alto para hacerse pasar por más grandes y aves que imitan a las peligrosas rapaces, entre muchos casos más, son prácticas muy extendidas en el Reino Reino Animal Animal. Lo que tienen en común todas estas acciones es que son estrategias basadas en la mentira.

Hacer creer a otro algo falso es una maniobra frecuente en nuestra especie. Las personas exageramos cuando presentamos el currículum o hablamos de nuestra situación económica personal. También mentimos si nos da el alto la Guardia Civil por haber sobrepasado la velocidad permitida o cuando pedimos una baja laboral. Otras veces tratamos de alejar la atención de algo que nos interesa con otro tipo de escaramuzas, como por ejemplo cuando nos encontramos una moneda y la pisamos mientras nos hacemos los despistados hasta que el terreno está despejado para poder cogerla.

En el Bioparc de Valencia, el chimpancé más joven de todos posee una particular forma de divertirse. Un mañana, Pepa y Rubén, dos de los responsables, me enseñaron las instalaciones interiores de esta especie. El pequeño cogió agua del grifo con la boca y la escupió al suelo ante mis ojos. Inocente de mí, cuando creía que ya no le quedaba ni gota en la boca, me escupió el resto. Este tipo de maniobras de distracción son muy frecuentes. En un experimento que rastreaba la capacidad de mentir, llevado a cabo por la primatóloga Laurie Santos con macacos, se dejaban unos tuppers con comida pero no se les dejaba coger ninguno. Uno de ellos sonaba mucho al ser manipulado y el otro no. La investigadora los reñía cuando lo intentaban. Lo asombroso es que cuando no miraba, cogían el que no sonaba para no delatarse.

Este tipo de engaños piadosos están presentes desde que nacemos. Cuando somos pequeños disfrutamos haciendo creer cosas que no son verdad o simplemente despistando. Para los niños se trata de uno de sus juegos favoritos. Si quieren esconder algo dicen: «¡Mira ahí!», o dirigen la mirada hacia un sitio concreto y ponen cara de sorprendidos porque saben que muy probablemente otros irán y mirarán, sin éxito. En edades tempranas provoca la risa, pero a medida que crecemos nos damos cuenta de que también proporciona unos segundos extras en los que escapar. En el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, hay una hembra de gorila llamada Nadia,, muy temerosa de la proximidad física del macho. Para evitar el contacto, suele tirar un palo en dirección contraria al lugar donde pretende ir. De esta manera, Nikkie, el enorme macho espalda plateada del grupo, cree que algo se ha movido, acude raudo a comprobar qué es y ella puede pasar tranquilamente mientras él está distraído. En libertad, también se ha visto a los gorilas tratar de ocultar acciones que los ponen en peligro.

Los chimpancés también realizan maniobras de distracción para robar comida o herramientas a los compañeros. Existe un vídeo de la BBC en el que una cría está jugando con unas herramientas y se aprecia que no tiene intención de soltarlas. En la siguiente escena se ve a la madre hacer los gestos de que desea ser acicalada por él, mostrándole su espalda. En cuanto el pequeño suelta las herramientas para acicalar a su madre, ésta rápidamente se las roba. Otras especies de primates despliegan tácticas similares. Los monos capuchinos viven en el centro y sur del continente americano; en la selva forman tropas muy numerosas que cooperan pero también compiten entre sí. Cuando uno de ellos detecta un alimento valioso, emite una falsa llamada de alarma para que los compañeros crean que un águila o una serpiente se acerca y salgan disparados en dirección contraria. De esta manera, pueden quedarse la comida para ellos solos.

 

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