Primates artistas

BLOG YO, MONO | El sentido estético en los animales

Arte chimpancé

El chimpancé pintor abstracto 'Congo', con las manos en la masa. | E.M.
El chimpancé pintor abstracto ‘Congo’, con las manos en la masa. | E.M.

Según las últimas investigaciones, sobre las paredes de las cuevas de Altamira y El Castillo (Cantabria) se encuentran pintadas unas manos y puntos rojos, datadas con una antigüedad de 40.000 años. Hasta el momento, representan las manifestaciones artísticas más antiguas de la humanidad. Pero, ¿es el arte un fenómeno exclusivo de nuestra especie o las bases cerebrales para que esto fuera posible comenzaron a desarrollarse muchos millones de años antes?

El zoólogo Desmond Morris, en los años sesenta, enseñó a pintar a varios chimpancés. Morris comprobó que los chimpancés tenían sentido de la composición. Dibujaban círculos y repartían las distintas figuras por el papel. El problema es que los recompensaban y pronto dejaron de tener interés. El trabajo comenzó a ser de la peor calidad y ya no existía armonía en sus pinturas. Morris, bromeando, afirmó haber encontrado losorígenes del arte comercial.

Poco después lo intentó con otro chimpancé llamado Congo. Esta vez permitió que empleara las pinturas de manera espontánea, es decir, sin un entrenamiento previo y sin recompensas. Cada día, se sentaba en una pequeña mesa de madera y pintaba a su antojo. Pronto comprobaron que Congo equilibraba las composiciones por sí mismo y se mantenía en los límites del papel. Si se le proporcionaba un dibujo ya empezado, él escogía los mismos colores. Por ejemplo, si un lado contenía rojo, él usaba el rojo también.

El chimpancé impresionista abstracto

Morris contó que una vez le quitó a Congo sus papeles y pinturas cuando estaba dibujando algo similar a un ventilador. Cuando pudo regresar, retomó el trabajo en el mismo punto que lo había dejado, mostrando quetenía un objetivo y no eran simples manchones.

A la edad de cuatro años ya había realizado cientos de obras y los críticos de arte lo calificaron de estilo “lírico abstracto impresionista”. Las reacciones en el mundo del arte oscilaron entre el escepticismo y la admiración absoluta. El mismo Pablo Picasso tenía un cuadro de Congo colgado en su casa de París. Joan Miró, cambió dos de sus obras por una de Congo y Salvador Dalí declaró en una ocasión que Congo era el artista, y el pintor abstracto Jackson Pollock el auténtico chimpancé.

Uno de los cuadros de 'Congo'. | Congo
Uno de los cuadros de ‘Congo’. | Congo

Desafortunadamente, Congo murió poco después por tuberculosis y la investigación se detuvo. Hace unos años, tres de las obras de Congo alcanzaron la cifra de 25.000 dólares en un lote subastado por la casa Bonhams, en Londres, junto a cuadros de Renoir y Andy Warhol.

Frans de Waal cuenta una anécdota que demuestra lo peligroso que puede ser interponerse entre un primate y sus creaciones. En el Zoo de Amsterdam, Bella, una chimpancé solía pintar muy concentrada y con tranquilidad, pero en una ocasión, el cuidador intentó quitarle los materiales en mitad del proceso creativo. Bella perdió los nervios e intento atacarle.

El ojo artístico de las palomas

Pero el arte, o al menos la capacidad para su percepción, no parece ser patrimonio exclusivo de los primates. Shigeru Watanabe puso a prueba la capacidad de las palomas para diferenciar cuadros de Monet de los de Picasso. Tras un entrenamiento con varios cuadros, se les mostraban unos nuevos. Entonces debían elegir a cuál de los dos pintores correspondían. Las palomas acertaron en un 90% de las ocasiones. Pero aún hay más, cuando se les enseñó cuadros de los impresionistas Renoir y Cezanne, los cuales nunca había visto, los agruparon junto a los de Monet, impresionista también.

El mismo equipo quería poner a prueba la capacidad de discriminar el “buen arte” del “mal arte” y poder establecer comparaciones con los parámetros y cánones que poseemos los humanos. Para poder hacerlo, primero pidieron a varios humanos que clasificaran en buenos y malos una gran cantidad de dibujos hechos por niños. Las palomas coincidieron en la mayor parte de las ocasiones con el juicio de los humanos.

Pero, ¿cómo perciben las figuras los primates no humanos? El primatólogo Tetsuro Matsuzawa llevó a cabo una serie de experimentos. Los resultados probaron que eran capaces de usar figuras geométricas complejas. Además, la percepción del color y de las formas resultó ser muy similar a la que tenemos los humanos.

Lo que sugieren todas estas investigaciones es que, a pesar de que las primeras manifestaciones artísticas humanas aparecen hace aproximadamente 40.000 años en el Paleolítico superior, cierto sentido de la estética, el gusto por la simetría y el reparto de figuras en el espacio, sentara sus bases mucho antes de que los primeros Homo Sapiens dejaran constancia de ello sobre las paredes de las rocas de la vieja Europa.

Charles Darwin pensaba que la música se había originado en el marco de la atracción que se establece entre las parejas de animales y los sonidos que éstos emiten durante el cortejo. Darwin deducía estas ideas del canto de algunas aves cuando intentan encontrar pareja, pero otros autores no han restringido el origen a un solo contexto emocional y lo han atribuido a la necesidad de expresión en la totalidad de las emociones humanas.

Los guerreros masái realizan una característica danza al son de canciones que cantan ellos mismos  (imagen: usuario de Flickr).

Es probable que Darwin cometiera un exceso de reduccionismo, ya que la hipótesis de la selección sexual no explica la enorme diversidad de contextos en los que aparece ni la extensión de estos comportamientos musicales a terrenos que no tienen nada que ver con la reproducción. Lo que tienen en común ambas corrientes es que consideran que la música humana debe ser estudiada como unaadaptación al entorno, de la que derivan numerosas ventajas para los individuos, algo con lo que tampoco todos están de acuerdo. El debate sobre si se trata de un aprendizaje cultural o por el contrario es independiente de la experiencia continua.

Se sabe, desde la aparición de la resonancia magnética, que hay diferencias en la actividad cerebral cuando escuchamos un u otro tipo de música. Existe una relación clara entre las zonas asociadas al sentimiento de placer y la música percibida como agradable; y también entre las zonas de insatisfacción y la desagradable. Además, el gusto por la música es un rasgo que compartimos todas las sociedades del mundo, aunque existe una fuerte controversia sobre su origen cultural o biológico.

En varias investigaciones se ha podido comprobar que los niños prefieren los acordes consonantes a los que no lo son. Marcel Zentner y Jerome Kagan, de la Universidad de Harvard, pusieron a prueba las preferencias de niños de cuatro meses de edad ante dos tipos de melodías: una consonante y otra disonante. Los niños se agitaban y se daban la vuelta más veces con la disonante, lo que sugiere una cierta preparación innata para percibir algunas melodías concretas como placenteras. Otro gran número de estudios realizados hasta el momento coinciden en que los humanos preferimos escuchar los sonidos consonantes desde edades muy tempranas.

Tasuku Sugimoto y su equipo de investigación de la Universidad de Kyushu en Japón han tratado de profundizar en el debate sobre el origen biológico o cultural de estas tendencias, mediante la comparación con unas pruebas realizadas a una chimpancé de 17 semanas de edad, llamada Sakura. Primero, ataron un trozo de hilo de lana a una de sus extremidades, que si era tensado permitía reproducir de nuevo la grabación de un reproductor. Luego expusieron al sujeto a diferentes tipos de música durante seis semanas. Los resultados mostraron que Sakura activaba más veces la reproducción continua cuando se trataba de la música con notas en consonancia.

Muestra del experimento realizado por científicos de la Universidad de Kyushu con Sakura, una cría de chimpancé de 17 semanas.

Algunas danzas tribales incluyen movimientos agresivos contra diversos objetos, como dar patadas a ramas o piedras. Estos sonidos nos envían información que las palabras no pueden, así que es plausible la idea de que los ritmos arcaicos sean consecuencia de la necesidad de una expresión emocional de rabia, alegría, miedo, etc.

A pesar de que hay que tener cuidado de no identificar a los modernos cazadores-recolectores con los primeros homínidos, sí es cierto que algunos métodos de los que emplean pueden ser similares, de ahí su interés en estudiarlos. Por ejemplo, los habitantes de las islas Andaman, en la India, no tenían instrumentos musicales de ningún tipo cuando fueron contactados por primera vez. Sus danzas están siempre acompañadas de palmas y golpes contra el suelo. Este hecho es interesante porque nos permite sugerir que tanto la voz como los sonidos de percusión realizados con el cuerpo pueden ser los orígenes de lo que hoy llamamos música. De hecho, una de las características en la evolución de los mamíferos recaen en la tendencia en especializar y separar el aparato respiratorio de la laringe, lo que ha permitido vocalizar mejor.

El uso de la música para evocar poderes sobrenaturales u otras ceremonias sociales está presente en una gran cantidad de sociedades tradicionales. En ocasiones, hay una melodía específica para cada tipo de ritual, lo que nos hace reflexionar sobre la naturaleza y origen de la música. Los indios pies negros de Norteamérica, cuando quieren invocar la lluvia, pueden llegar a usar más de cien objetos ceremoniales, cada uno de los cuales corresponde con una canción determinada. No valoran la música por su composición sino por su utilidad social y capacidad integradora. Esta función social es la otra hipótesis más invocada por los antropólogos en la actualidad para explicar su evolución y extensión a la totalidad de la especie.

Edward Hagen, del Instituto de Biología Teórica de la Universidad de Berlín, y Gregory Bryant, del Departamento de Psicología de la Universidad de California, creen que la música ha evolucionado como un sistema de información de la calidad de una coalición entre grupos. Los humanos somos excepcionales a la hora de formar alianzas para cooperar con otros miembros con quienes no estamos emparentados. En un experimento muy interesante, alteraron la sincronía de una música que era reproducida a diferentes clases de estudiantes. La sincronía correlacionó con una sensación de mayor calidad de la música y esta, a su vez, con una valoración más positiva de la alianza que les unía. Estos dos autores proponen que la música y la danza se tratan de unas formas extraordinarias de refuerzo de la organización social que pudo evolucionar a partir de la coordinación territorial que podemos encontrar en varias especies de animales, especialmente en los chimpancés.

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